Hablar
del regreso de The Cranberries es hablar de un
regreso ciertamente extraño. Se da un fenómeno que generalmente pasa con bandas
lideradas por mujeres. Puede ser como con The
Pretenders o los Cardigans. Una
figura femenina tan imponente que el resto de la banda es un mero
acompañamiento. Es verdad que a los fans incondicionales les importa todo el
conjunto en sí, pero al gran público no. Y esta no es la excepción. Después de
separarse del grupo para dedicarle tiempo a la maternidad, Dolores O’Riordan se despachó con dos buenos discos solistas que no
diferenciaban mucho de lo hecho con Cranberries anteriormente. El último de ellos, “No bagage”, salió a fines de
2009 y en vez de girar para presentarlo, decidió reunir a su vieja banda.
La gente respondió satisfactoriamente. Si
bien en su visita solista de hace dos años se habían agotado las entradas
rápidamente, ni el más optimista soñaba con dos Luna Park totalmente agotados.
Y cuando digo total es total. Si hasta se lo vio a Gaston Gaudio merodeando por conseguir un lugar.
Ahora, el público. Pop en extremo. ¿Qué
significa eso? Los fans (que, obviamente, son parte del club de fans y ocupan
la primera fila) agitan todo, cantan todo y le regalan cosas. El resto lo único
que atina a hacer es a pararse. ¿Qué pasó con la fama del mejor público del
mundo, muchachos? Es casi un tema sociológico. No había remeras negras. Y los
que sí tenían ya se iban al extremo con bandas como Mayhem o Canníbal Corpse.
Pero eso habla del gran potencial del grupo, uno de los que mejor condensó el
pop en el amplio sentido, con buenas ideas, sin caer en lo “grasa” o que las
canciones no envejezcan dignamente. Tienen alguna fórmula de vitalidad, de
continuidad con el tiempo, de seguir siendo actuales y llegar a gente joven.
Pero, de la misma forma, se autolimita. Se podría decir que es algo peligroso
tener un repertorio de tantos hits. Imagínense qué pasaría si un día los Decadentes o Kapanga decidieran dejar de tocar sus hits. ¿Se sostiene acaso la
banda?
Acá pasa algo parecido. Un grupo que en
otras circunstancias y con otro público no daría esa sensación de
automatización. Y no me refiero a que vinieron y tocaron de compromiso, todo lo
contrario. Hablo de un repertorio automático, sin fallas. De no desafiar al auditorio
cuando tenés todos los condimentos para hacerlo. Igual cada tanto hay algunas
desviaciones, como tocar un tema como “Daffodil Lament”, algo que por
ahí va por otros caminos a lo que el resto del show acostumbra. Incluso temas
como “Salvation”, que
están diseñados para que cualquier estadio se caiga a pedazos, parecen
demasiado intensos para el clima el show. Pero más allá de todo la gente es
respetuosa y escucha con gusto. ¿La banda? Bien, imposible fallar teniendo todo
tan programado como una obra de teatro. Pero tan desconcertante que el que hace
los solos de guitarra y el trabajo más importante es el músico invitado.
Definitivamente curioso.
Dolores no tiene una
gran presencia. Debe medir un metro cincuenta y tiene el cuerpo de una nena de
10 años. Sin embargo, es un imán para los ojos. De una voz intacta, que usa
vestidos de señora mayor y que también se mueve como una. Pero esa voz, tan
maravillosa. Tan natural. Es tal la presencia que las cámaras en ningún momento
enfocan a los músicos. En ninguno. Pero en conjunto parecen un grupo de raros
que lograron conquistar al gran publico. Cada tanto suele pasar.
¿Las canciones? Ya dijimos. Todas las que
escuchamos en radios como Aspen (“Linger”, “Ode to my family”), algunos
para complacer a los fanáticos (“How”, “Empty”, “Dafodil Lament”)
y un par de nuevas (“Ordinary Day”, “The Journey”), y todos contentos.
Entonces, ¿cuál es el balance final? Dos show perfectos. En todo sentido. En definitiva
un concierto de rock para gente que no frecuenta conciertos de rock. Pero, ¿qué
mejor manera de iniciarse? De todas formas, de ahí a ir a comprar los discos de Mayhem...
En sí, el
show fue formidable, seguramente será de lo mejor del año. La banda está en
plena forma. Pero queda la pregunta de cómo se manejarán en terrenos que no les
sean tan cómodos.