Ha homenajeado a León Gieco, ha dedicado canciones; rápidamente, y por ejemplo, se
recuerdan “Yo soy Juan” y “El ángel
de la bicicleta”; la primera, para Juan
Cabandié, el nieto recuperado por Abuelas de Plaza de Mayo número setenta y
siete; la segunda, para Claudio “Pocho”
Lepratti, asesinado por la policía de Rosario en el techo del comedor
infantil en el que trabajaba.
Y detrás de esos temas -nadie lo duda- no
hubo otra cosa que sentimiento, deseo de cantar una verdad, de ser la voz de
otras voces. En 2009, Gieco recibió
un reconocimiento, un disco doble, pero hacia entonces Ezequiel Ruiz sospechaba que tras
esa realización había también otro tipo de motivaciones, menos nobles por
cierto. No se podrá decir lo mismo, en cambio, de la canción que Claudio Marciello le hizo a su honra, “Para León”, que se ubica exactamente en
la mitad de su último disco, “Identificado”;
una pieza acústica que, por sobre todas las cosas, enseña corazón.
Hacia julio del año pasado, al guitarrista
de Almafuerte se
le preguntó con qué músico le gustaría tocar y contestó: “Elijo a Ricardo Mollo porque me ayudó en
un momento jodido de mi vida. Mirá, no me prestó a la novia de milagro. También
a León Gieco porque es ciudadano ilustre, loco. Es un tipo solidario”. Y,
así como ya se mencionó que hay dedicatoria a Gieco, en “Identificado” también hay guiño para Mollo, para Divididos: el último tema del disco es
una versión melódica, también acústica (y genial) de “Alma de budín”.
Pero por supuesto no todo es homenaje
acústico en el tercer disco de Marciello;
de hecho, lo mencionado es lo único que hay de ello y es que, se sabe, lo suyo
es el metal, o el rock pesado como se etiqueta ahora al grupo de Ricardo Iorio. El principio mismo del
álbum, como debe ser, golpea con “Un caso
en un millón” y “De noble corazón”;
este segundo, una reseña sobre el paisano cordobés Carlos Chávez, un tipo seguramente entrañable.
También ataca la producción con “Me fui de viaje”, una anécdota del
guitarrista sobre la madrugada en que, manejando, salvó su vida de milagro
luego de una mala maniobra; en la misma sintonía de potencia se inscriben “Valor al despertar” y “Rompe barreras”. “El show de Nahuel”,
en cambio, regula más su energía y enseña una letra, como se dice, de protesta:“¿Cómo llego al río? Si su costa esta
cercada, ¿quién se hizo dueño del río, donde yo tendía mis redes? ¿Cómo llego
al lago? Si hay tranqueras en los caminos. ¿Cómo camino mi suelo? Si mi suelo
está vendido”.
Nuevamente, al igual que en “De pie”, su disco anterior, Marciello incluye piezas melódicas en
las que demuestra porqué es considerado de lo mejor con su instrumento en lo
que a escena nacional refiere: por un lado, eléctrico con “Va benne”, y por otro, acústico con “Las Junturas”.
Por último, el mapa de la realización se completa con una serie de canciones de tinte especial, como “Te vi pelear” y “Buena suerte”, que musicalmente son un punto medio entre lo tranquilo y lo pesado, y líricamente son el punto más alto en aquello en lo que también se suele destacar de este músico: poner el
corazón, ser uno nomás.
Augusto Do Santos